Celina Levy, el arte del movimiento y el volumen

Celina Levy, como casi todos los enamorados del arte, empezó pintando en su niñez, en el barrio de Devoto.

"Empecé en el colegio primario, mis compañeras me daban los problemas de matemática resueltos y yo a cambio les hacía sus dibujos", cuenta sobre ese inicio precoz y travieso.

Pero la vida de Celina daría un vuelco por un concurso...

"Tenía 12 años cuando llegó un concurso de manchas al barrio. Yo soñaba con presentarme", rememora. Hacía frío y el rechazo paterno generó un llanto que finalmente aflojó el permiso que tanto anhelaba.

Se trataba de pintar alguno de los negocios del barrio y Celina dibujó una florería.

"El jurado pasaba por donde estaba cada chico y controlaba que los padres no intervinieran. Yo esa noche soñé que ganaba el concurso y al otro día me tocaron el timbre para decirme que había ganado. Vino todo el barrio a felicitar a mi mamá", recuerda.

Gracias a esa señal, le permitieron anotarse en la escuela de arte Fernando Fader, donde hizo toda su carrera.

En esos años, la industria textil estaba en auge, y siempre buscaba dibujantes.

"Vinieron al colegio antes de que yo me recibiera, a buscar dibujantes aprendices, para hacer los diseños para las telas", rememora.

El colegio le recomendó a ella cuando todavía no había terminado su último año, y pasó muchos años en esa industria.

"Los clientes venían de Europa con las ideas y unas revistas chiquitas con una modelo y había que ampliarlo. Traían fotos y figurines y yo hablaba con ellos para ver qué querían y hacer cambios", nos cuenta.

"Ganaba mucha plata porque trabajaba un montón, entonces podía pagarme talleres de arte con maestros muy renombrados", explica.

Además de pintura, resalta sus estudios con escultores, "porque son buenos dibujantes y aprendí con ellos el volumen", algo que sería fundamental para su trabajo en la moda y para su pintura actual, repleta de figuras humanas en movimiento. "La industria textil me dio mucha sabiduría y mucha observación", asegura.

Sobre su método de trabajo, la palabra que resalta en su diálogo con ComprArt es "investigación".

"Antes de decidir qué voy a pintar, recorro, leo, veo espectáculos", explica sobre su proceso creativo.

"Cuando me inspira un tema lo investigo y quiero desarrollarlo", nos cuenta, y pone como ejemplo sus visitas al Colón para entrar al mundo de las bailarinas, o al de los bares porteños, como tantos otros.

"Yo casi no hago caras, pero mis caras representan los diálogos. Quiero que el cuadro se sienta y los personajes se vivan" explica la artista, que además destaca que en sus obras pintas muchas telas y transparencias, y tiene una extensa carrera como muralista.

      

"Es lo que mamé, durante 20 años dibujando las telas. Me apasionan hacerlas y no me cuesta trabajo", dice Celina que además siempre dedicó un tiempo de su arte a la pintura sobre telas y ropas.

Lejos del miedo al lienzo vacío, Celina nos dejó claro que siempre está pensando en su próxima obra, que rigurosamente ejecuta en su taller del barrio porteño de Recoleta.

          

"Siempre tengo una obra en la cabeza y estoy creando mentalmente. Cuando ya tengo todo armado me vuelco a hacerlo. Aunque haga una flor, de esa flor tengo todo un estudio hecho previamente, porque para mí eso es ponerle corazón a la obra".

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