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Stephen Robert Koekkoek fue un pintor de origen holandés nacido en Inglaterra que trabajó en el estilo postimpresionista.

Era miembro de una familia con más de cuatro generaciones de pintores. Su padre era el pintor de paisajes Hermanus Koekkoek, y también recibió la influencia de su tío, Jan Koekkoek. 

Pero Stephen fue el primero en abandonar Europa, con 21 años cumplidos, hacia América latina. Su viaje por Perú, Bolivia, Chile y finalmente Argentina, esparce la obra y la leyenda de un artista exitoso, en búsqueda permanente de un estilo que dialoga con Turner, Sorolla, Goya y Van Gogh. 

En Valparaíso (Chile) empieza a pintar, pero no lo que ve, sino lo que recuerda de su Londres: vistas del Támesis y sus puentes bajo la bruma, pinturas casi monocromáticas que muestran un entendimiento natural y afilado del valor y el contraste.

Al año, Koekkoek está en Mendoza presentando una exposición de vistas andinas y holandesas. 

El color y el tratamiento ya son postimpresionistas, pero la carga de materia recién empieza a apilarse en las telas: falta un paso para que Stephen se termine de volcar a Van Gogh.

Se casa a los 27 años y en 1916, Koekkoek se decide a bajar a Buenos Aires. Enseguida está exponiendo en la prestigiosa Witcomb.

Empieza a ganar admiradores y le castellanizan el nombre a Esteban Koek Koek.

Para 1919 se muda al centro a un atelier en la calle Florida. El ritmo era maníaco y las pinturas más chicas tardaban quince minutos, con una hora como tope para una tela mayor.

Hacia 1925 descubre al joven Quinquela Martín y pasa por facetas de homenaje a Van Gogh, a Goya y hasta a Sorolla.

También empieza un desequilibrio mental.

En marzo de 1926, la policía lo detiene en pleno brote psicótico. Koekkoek termina en el hospital neuropsiquiátrico Borda, entonces llamado Hospicio de las Mercedes.

Sus amigos le acercan telas y pinceles, con lo que Stephen se pone a trabajar.

Sus médicos terminan coleccionando sus obras y él envía obras a seis exposiciones en todo el país.

Lo que terminó de quebrar esta energía fue la crisis del 30, que frenó la economía y el mercado del arte. 

Cada vez más aislado de la realidad o más indiferente, comienza a viajar por el interior y a Chile.

En 1934, a los 47 años, un hotelero de Santiago (Chile) lo encuentra muerto en su cuarto. El mismo presidente chileno ordena una investigación y el diagnóstico es sobredosis de morfina mezclada con alcohol.