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Benito Quinquela Martín fue un pintor autodidacta argentino, uno de los más populares en el país y el exterior. 

De origen muy humilde, sus pinturas portuarias muestran la crudeza de la vida diaria en el puerto de La Boca. 

Su arte se caracterizó porque usaba como principal instrumento de trabajo la espátula en lugar del tradicional pincel.

 

Nacido en marzo de 1890, su nombre de nacimiento fue Benito Juan Martín, y fue hijo de una madre desconocida que lo abandonó en la Casa de los Expósitos, donde permanecían los niños sin hogar. 

Siete años después fue adoptado por la familia Chinchella, dueños de una carbonería. 

De niño tuvo que abandonar el colegio para ayudar a su familia cargando bolsas en el puerto y trabajando en la carbonería familiar. 

A los 14 años cursó dibujo en una modesta academia nocturna y en 1907 se inscribió en la Academia de Música Pezzini Stiatessi, que funcionaba en la Sociedad Unión de La Boca. Allí estudió pintura con Alfredo Lazzari, pintor italiano de formación académica bajo la influencia del macchiaiolismo. 

Junto a su maestro recorrió las orillas del Riachuelo y de la Isla Maciel, practicando pintura al aire libre.  

En 1909, durante una breve estadía en Córdoba, conoció al pintor Walter de Navazio y pintó su serie de paisajes. De regreso a Buenos Aires decidió dedicarse de pleno a la pintura, instalando su primer taller en lo alto del negocio familiar. 

 

Quinquela Martín participó en el Primer Salón de Recusados de 1914, presentando Quinta en la Isla Maciel y Rincón del arroyo Maciel, obras firmadas con su apellido original: Chinchella. 

Sus cuadros fueron muy bien recibidos por la crítica. Hacia 1916 conoció a Pío Collivadino, entonces Director de la Academia Nacional de Bellas Artes  (ANBA), un apoyo decisivo para la carrera del pintor. 

Dos años más tarde, llevó a cabo su primera muestra y desde ese momento le sucedieron exhibiciones crecientes. 

El Presidente Marcelo T. de Alvear brindó al pintor su colaboración, y en 1928 adquirió una de sus obras para obsequiársela al Príncipe de Gales, quien se encontraba de visita en el país.  

Luego de trasladarse a un nuevo taller, viajó al exterior y expuso en distintos países. De regreso a Buenos Aires frecuentó la agrupación Gente de Arte y Letras Impulso, con sede en el café Tortoni.  

Mostró sus obras en varias exposiciones realizadas en el país y en el extranjero. Logró vender varias de sus creaciones y otras tantas las donó. Con el beneficio económico obtenido por estas ventas realizó varias obras solidarias en La Boca.

 

En la década del ´30, quiso devolverle al barrio parte de lo que le había dado. En 1933 donó un terreno que había comprado para que el Consejo Nacional de Educación construyera una escuela pública, pero puso dos condiciones. 

Pidió que en uno de los pisos funcione una escuela y en los otros dos un museo de artistas argentinos y el taller-hogar de Quinquela. 

Su otra condición fue decorar el lugar con murales. 

En 1936 se inauguró la escuela Pedro de Mendoza y en 1938, el Museo de Artistas Argentinos, hoy Museo de Bellas Artes Benito Quinquela Martín. 

Más tarde fue donando otros espacios para que se levantara el Teatro de la Ribera, un jardín de infantes y lactarium y, finalmente, un Hospital de Odontología Infantil. 
Su última iniciativa, junto a un grupo de vecinos del barrio, cambió radicalmente el rostro de La Boca.

 

En la década del ´50 el barrio había entrado en decadencia ante el crecimiento de otros puertos y los conventillos (edificios coloridos usados como viviendas colectivas) desaparecían. 

Movido por la nostalgia y su amor al arte organizó un espacio de exposición al aire libre para distintos artistas y artesanos y en  tramo de vía ferrocarril abandonada armó una calle-feria con conventillos de colores: la llamó CAMINITO en alusión al famoso tango de Juan de Dios Filiberto. 

El pintor de La Boca murió el 28 de enero de 1977 en la ciudad que lo vio nacer.